«El hombre del saco viajaba en tren. Un día llegó a un pueblo en el que había niños traviesos
—Mmm… Los mejores para meter en el saco».
El oficio de hombre del saco ya no es lo que era. Ni el aspecto desaliñado ni la cara de malo son suficientes para asustar a los niños demasiado revoltosos. ¡Y encima estan demasiado flacuchos para comérselos!







