«Erase una vez una bruja que era bruja.
Vestía al estilo de las brujas y tenía nariz de bruja,
lo que le hacía parecer una bruja.
A veces, los niños la veían por la calle y
con los pelos de punta gritaban:
¡Una bruja!
Y no se equivocaban».
¿Te imaginas a una bruja que solo pudiese convertir a una lagartija en una lagartija? ¿O transportarse con la escoba al mismo sitio donde ya estaba? Claro que también podría equivocarse haciendo esos mismos hechizos, ¿qué pasaría entonces?







