«¿Y esa cara de grillo? ¡Ah! Es por el anillo que se te ha perdido… No te preocupes. Es algo habitual. Algunos juguetes son tan revoltosos, que no saben estarse quietos y acaban perdiéndose.
¿Te cuento un secreto?».
Hace mucho tiempo se me perdió una pelota. Cuando me puse a buscarla entre las plantas de casa, de repente me di cuenta de que me encontraba en la selva. Allí vi monos, cocodrilos, boas y ¡hasta a un hombre orquesta!, pero mi pelota no aparecía…







