«Qué pronto te has metido en la cama. ¡Ah, es verdad! Que estás castigada por gritar a papá. Ya no me acordaba. ¿Y qué? ¿Has tenido tiempo de pensar?
¿Te cuento un secreto?».
Hace mucho tiempo, el director de mi colegio me mandó a su despacho por haberle roto el reloj a mi amiga María. Yo nunca había estado en el despacho del director y no me gustó nada, parecía un calabozo. Pero allí me di cuenta de algo muy importante…







