«Una mañana, el sol lo despertó haciéndole cosquillas en la cara. Recordó las palabras de su padre que repetía en tiempo de crisis: “Hay que seguir adelante, no queda otra”. Y entonces, algo se activó en su interior».
Hay personas que, por alguna razón, lo pierden todo. Rodrigo fue una de ellas. Pero hubo una cosa que no perdió, y fue la esperanza.






